Dios encarga a las mujeres cristianas maduras formar, mediante verdad, ejemplo y acompañamiento prudente, a las mujeres jóvenes para que cultiven un amor afectuoso, fiel y responsable hacia sus propios maridos y sus propios hijos.
"a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."
2 Timoteo 3:17