¿Estoy calificada para enseñar?
Ejercicio matutino: Antes de cualquier otra cosa, toma papel y lápiz y responde honestamente:
- ¿Mi porte es reverente, o vivo de manera indistinguible del mundo?
- ¿Soy calumniadora, o mi lengua edifica a otros?
- ¿Estoy esclavizada a alguna pasión (vino, ira, amargura, ansiedad), o vivo en sobriedad espiritual?
Reflexión honesta: Si respondiste con problemas serios en alguna de estas áreas, no significa que estés descalificada permanentemente — significa que necesitas trabajar primero en el fundamento (como vimos en los bosquejos anteriores) antes de poder enseñar con autoridad genuina.
Escritura para meditar: Mateo 7:3-5 — "¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?... saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano."
Oración: "Señor, muéstrame honestamente si mi vida respalda lo que quiero enseñar. Purifica primero mi corazón, para que mi enseñanza tenga peso genuino. Amén."