Compartir tu testimonio para enseñar
Tu experiencia puede ser una herramienta valiosa cuando no se limita a contar lo que ocurrió, sino que ayuda a otras mujeres a ver lo que Dios enseñó por medio de esa experiencia.
Salmo 66:16 — “Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma.”
Un buen testimonio no busca exaltar a la persona, sino mostrar la fidelidad de Dios, reconocer errores y destacar principios que puedan ayudar a otras.
2 Corintios 1:3-4 — Dios “nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación…”
Cuando compartas una experiencia, procura responder:
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¿Qué ocurrió?
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¿Qué aprendí acerca de Dios?
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¿Qué error, actitud o decisión tuve que corregir?
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¿Qué principio bíblico puede aprender otra mujer de esto?
Salmo 78:4 — “…contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo.”
Ejercicio práctico:
Escoge una experiencia importante de tu vida y practícala en pocos minutos, procurando que la enseñanza central no sea: “Mira lo que me pasó”, sino: “Mira lo que aprendí de Dios y de su Palabra.”
Para meditar:
¿Cuando cuento mi historia, las personas terminan pensando más en mí o aprendiendo algo que las acerque a Dios?