Cuando el dolor te hace querer desaparecer
Versículos Clave
“Basta ya; oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.”
— 1 Reyes 19:4, RVR1960
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”
— Hebreos 12:15, RVR1960
Hay momentos en los que el dolor parece no tener una puerta de salida.
Has orado. Has esperado. Has intentado seguir adelante. Pero la situación continúa. Y llega un momento en que tu corazón, cansado de luchar, comienza a pensar algo que quizá nunca imaginaste decir:
“Ya no quiero seguir.”
A veces ese pensamiento no nace de un deseo consciente de rebelarte contra Dios. Nace del agotamiento. De una herida que lleva demasiado tiempo abierta. De una decepción profunda. De una injusticia que todavía duele.
Elías llegó a un lugar semejante.
Después de una gran victoria espiritual, Jezabel amenazó su vida. El profeta huyó, se sentó debajo de un enebro y pidió morir.
No dijo: “Jehová, ayúdame a entender”.
Dijo:
“Basta ya; oh Jehová, quítame la vida.”
Elías estaba sufriendo profundamente.
Y hay algo importante que debes observar: Dios no ignoró su dolor.
El Señor no trató a Elías como si su angustia no importara. Lo atendió, lo sostuvo y finalmente volvió a dirigir su vida.
Esto te enseña algo precioso: sentir un dolor profundo no es lo mismo que cultivar amargura.
Puedes llorar.
Puedes decirle a Dios que no entiendes.
Puedes reconocer que estás cansado.
Puedes presentarte delante de Él con el corazón quebrantado.
Pero existe un peligro cuando el dolor deja de ser una carga que llevas delante de Dios y se convierte en una raíz que alimentas dentro de ti.
Hebreos dice:
“...brotando alguna raíz de amargura, os estorbe...”
La raíz está debajo de la tierra. No siempre se ve.
Así comienza la amargura.
Un pensamiento que repites.
Una ofensa que vuelves a recordar.
Una pregunta que no dejas de hacer.
Un “¿por qué Dios permitió esto?” que lentamente se transforma en “Dios no debió permitirlo”.
Entonces el dolor deja de ser solamente dolor.
Se convierte en resentimiento.
Y el resentimiento puede comenzar a oscurecer tu visión de Dios.
Por eso debes distinguir entre lamentarte delante de Dios y alejarte de Dios por causa de tu dolor.
El lamento dice:
“Señor, esto me duele, pero sigo viniendo a ti.”
La amargura dice:
“Esto me duele, y por eso ya no quiero confiar en ti.”
El lamento busca refugio.
La amargura busca culpables.
El lamento derrama lágrimas delante de Dios.
La amargura alimenta silenciosamente el resentimiento.
Y cuando el corazón se amarga, la muerte puede comenzar a parecer una solución.
Pero escucha bien:
La muerte no es la solución al dolor.
La Escritura enseña que después de la muerte viene el juicio:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”
— Hebreos 9:27, RVR1960
Por eso, si alguna vez has pensado que morir resolvería definitivamente todos tus problemas, debes confrontar ese pensamiento con la verdad de Dios.
La muerte no borra tu responsabilidad delante del Creador.
Tu vida sigue estando en Sus manos.
Y mientras tengas vida, todavía tienes una razón santa para levantarte:
vivir para Dios.
Quizá hoy no puedes cambiar aquello que te hirió.
Quizá tampoco puedes resolver aquello que te preocupa.
Pero sí puedes decidir qué harás con ese dolor.
Puedes convertirlo en una raíz de amargura.
O puedes llevarlo delante del Señor.
No tienes que fingir que no estás sufriendo.
Pero tampoco tienes que sufrir lejos de Dios.
Hoy, abre tu corazón delante de Él.
Dile exactamente lo que te duele.
Pero termina tu oración con una expresión de confianza:
“Señor, no entiendo todo lo que estás haciendo, pero no quiero alejarme de ti.”
Ese puede ser el comienzo de la sanidad espiritual de tu corazón.
Conclusión
Tu dolor es real, pero no permitas que tu dolor se convierta en tu señor.
Elías quiso morir, pero Dios todavía tenía propósito para su vida.
Tu historia tampoco termina en el lugar donde hoy estás sufriendo.
No alimentes la raíz.
Llévala a la presencia de Dios.
Cuando el corazón diga: “Quiero escapar”, responde con fe:
“Señor, quiero refugiarme en ti.”
Preguntas de Reflexión
- ¿Hay algún dolor que has comenzado a convertir en resentimiento contra Dios?
- ¿Qué diferencia existe entre llevar tu sufrimiento a Dios y alejarte de Él por causa de ese sufrimiento?
- ¿Has pensado alguna vez que la muerte sería una salida? ¿Qué enseña Hebreos 9:27 acerca de ese pensamiento?
- ¿Qué herida necesitas comenzar a presentar sinceramente delante de Dios?
Compromisos Personales
- Hoy decidiré hablar con Dios honestamente acerca de mi dolor.
- Hoy rechazaré alimentar pensamientos de resentimiento contra Dios.
- Buscaré refugio en la Palabra cuando mi corazón quiera rendirse.
- Recordaré que mi vida pertenece al Señor y que todavía puedo vivir para Su gloria.
Pasaje para Memorizar
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”
— Hebreos 12:15, RVR1960