Dios mira lo que hay detrás de la acusación
Pasajes clave
1 Timoteo 3:2 (RVR1960)
“Pero es necesario que el obispo sea irreprensible…”
Juan 8:46 (RVR1960)
“¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?”
Hechos 20:18 (RVR1960)
“Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo…”
Desarrollo
Ser irreprensible no consiste solamente en evitar que otros conozcan nuestras faltas. El requisito alcanza la integridad de la vida delante de Dios. Un hombre puede cuidar cuidadosamente su apariencia pública y, sin embargo, esconder una vida que contradice aquello que aparenta ser.
Por eso resulta significativo que las Escrituras presenten a hombres de Dios que pudieron apelar a su conducta cuando fueron examinados. Pablo dijo a los ancianos de Éfeso: “Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo” (Hch. 20:18). Más adelante pudo recordarles que no había codiciado la plata, el oro ni el vestido de nadie (Hch. 20:33-34).
La irreprensibilidad, entonces, no se construye delante de los hombres; se forma en la presencia de Dios. No consiste en aprender a responder acusaciones, sino en vivir de tal manera que una acusación justa no encuentre fundamento.
Esto nos conduce a Cristo. Él pudo preguntar: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Jn. 8:46). Su vida fue absolutamente santa. Nosotros no podemos reclamar una perfección sin pecado, pero sí debemos procurar una vida sincera, limpia y sometida a Dios.
El hombre que aspira al episcopado debe preguntarse no solamente qué ven los demás, sino qué ve Dios cuando examina su corazón. La irreprensibilidad exige integridad: que lo público y lo privado no sean dos vidas diferentes.
Preguntas de Reflexión
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¿Existe una diferencia entre lo que otros ven en mí y lo que Dios conoce de mí?
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¿Estoy cuidando mi carácter o simplemente protegiendo mi reputación?
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¿Podría dar cuenta delante de Dios de aquello que mantengo oculto?
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¿Mi vida privada confirma la fe que profeso públicamente?
Compromisos
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Hoy me comprometo a vivir delante de Dios con integridad.
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Hoy me comprometo a no esconder deliberadamente aquello que necesita ser corregido.
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Hoy me comprometo a examinar mis motivaciones a la luz de las Escrituras.
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Hoy me comprometo a procurar que mi vida pública y privada sean coherentes.
Conclusión
La irreprensibilidad no se limita a una reputación cuidadosamente construida; nace de una vida íntegra delante de Dios. El hombre que cuidará del rebaño debe permitir primero que la Palabra examine su propio corazón. Dios no busca una apariencia sin reproche, sino una vida verdaderamente sometida a Él.
Pasaje para Memorizar
“¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?”
Juan 8:46 (RVR1960)
¿Por qué memorizarlo?
Porque estas palabras de Cristo nos recuerdan la dimensión más profunda de la irreprensibilidad: no simplemente parecer correcto delante de los hombres, sino vivir en verdadera santidad delante de Dios.