Cuando ya no puedes hacer más, Dios mira el corazón
Lectura bíblica
Hechos 15:8 (RVR1960)
"Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros."
Versículos complementarios
- Lucas 3:8
- Hechos 26:20
- Salmo 51:17
Devocional
Hay momentos en la vida en los que el ser humano descubre lo limitado que realmente es. Una enfermedad inesperada, un accidente o los últimos días de existencia pueden impedirnos hacer muchas cosas que antes estaban a nuestro alcance. Ya no podemos caminar, reunirnos con la iglesia, visitar a quienes hemos ofendido o reparar algunos errores del pasado. En esos momentos surge una pregunta profundamente pastoral: ¿Cómo juzga Dios a una persona que desea obedecer, pero físicamente ya no puede hacerlo?
La respuesta no se encuentra en nuestras emociones, sino en el carácter de Dios. Él nunca ha sido un juez injusto que exija aquello que una persona es incapaz de realizar. Las Escrituras enseñan que el verdadero arrepentimiento produce frutos; Juan el Bautista y el apóstol Pablo llamaron a los hombres a manifestar "frutos dignos de arrepentimiento". Sin embargo, cuando una persona agoniza y sus fuerzas han desaparecido, el Señor no demanda aquello que escapa completamente de sus posibilidades.
El estudio presenta una reflexión muy importante. La verdadera pregunta no es si el enfermo alcanzó a congregarse una vez más o si pudo corregir todas las consecuencias de su pecado. La pregunta que Dios hace es mucho más profunda: "Si le concediera diez años más de vida, ¿volvería realmente a caminar conmigo?" Esa respuesta no puede verla la familia, ni la iglesia, ni el pastor. Solo puede responderla el Señor, porque solamente Él conoce las verdaderas intenciones del corazón.
Qué diferente es esto de nuestra manera de juzgar. Nosotros solemos evaluar únicamente lo visible. Nos impresionan las palabras, las lágrimas o los gestos. Pero Dios mira aquello que nadie más puede observar. Él conoce si existe una decisión sincera de abandonar el pecado o si solamente hay miedo ante la cercanía de la muerte.
Esta verdad también tiene una aplicación para quienes hoy gozan de salud. Es fácil pensar que tendremos tiempo suficiente para obedecer más adelante. Sin embargo, el Señor nos llama a producir frutos mientras tenemos fuerzas. Cada acto de obediencia de hoy demuestra la autenticidad de nuestra fe. No esperes a que las circunstancias limiten tus posibilidades de servir. Vive de tal manera que, si mañana tu vida cambiara por completo, pudieras descansar sabiendo que caminabas diariamente con Cristo.
Nuestro Dios es justo, pero también infinitamente misericordioso. Él no exige lo imposible; exige un corazón completamente rendido. Ese corazón será evidente tanto en quien tiene plena salud como en quien solamente puede levantar una oración desde su lecho de enfermedad.
Preguntas para reflexionar
- ¿Estoy produciendo hoy frutos dignos de arrepentimiento?
- Si Dios me concediera muchos años más de vida, ¿seguiría decidido a servirle fielmente?
- ¿Estoy aprovechando las oportunidades actuales para obedecer al Señor?
- ¿Confío más en las apariencias o en la obra que Dios realiza en el corazón?
- ¿Qué fruto concreto espera Dios de mí en esta etapa de mi vida?
Compromisos para hoy
- Aprovecharé las oportunidades presentes para servir al Señor.
- No dejaré para mañana la obediencia que Dios me pide hoy.
- Buscaré que mi vida produzca frutos visibles de arrepentimiento.
- Pediré a Dios un corazón íntegro delante de Él.
- Recordaré que el Señor conoce mis verdaderas motivaciones.
Versículo para memorizar
Salmo 51:17
"Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios."